sábado, 17 de septiembre de 2011

Cuento: APAGÓN



-Ayer en la noche platicando con mi compadre Juan y mi cuate Manuel, llegamos a varias conclusiones apocalípticas. Que dicho sea de paso, nada tuvieron que ver con el efecto de alguna "bebida espirituosa".
        La plática empezó al calor de unas cervezas y después de buenos trozos de carne asada, salchichas y chorizo supuestamente Español, que en lo personal me había encargado de achicharrar.
       No pasarían de las 10 de la noche y John Lenon se esforzaba por desgañitarse en la grabadora que sonaba desde hacía ya un buen rato.
       Todo apuntaba a un típico final dominguero, cuando pasó lo inesperado; ¡Un apagón! Nos quedamos mudos por más de 5 segundos mientras la perplejidad de lo imposible impedía mediar palabra o exclamación obscena alguna.
        Contagiado por lo sorpresivo de la situación, John Lenon se había silenciado en un desvencijamiento típico del cassette que detiene lentamente su marcha.
        En fuerte tropel aparecieron las mujeres quienes se habían refugiado en el interior de la casa so pretexto de lavar algunos pocos trastos, que se vieron sacrificados, aun cuando habíamos tenido la "atinada" ocurrencia de organizar la parrillada en platos desechables.

-¡Se fue la luz!- Chillaron al unísono.

-¿A pooooco?

- respondimos los hombres en coro.

-Ni nos habíamos dado cuenta, añadió burlón mi compadre.

        Esto cada vez se pone más feo.- Comentó Manuel, mientras las féminas desordenaban mi casa en la búsqueda de velas.
        Ya repuestos de la primera sorpresa le prestamos la debida atención a Manuel, pues se había mantenido callado, más por estar royendo un último hueso que por falta de buenas ideas.
         Primero les sucedió a los Gringos.- Continuó. Después a los Ingleses, antier a los Yucatecos y como va de internacional el asunto pues ahora nos tocó a nosotros. -Esta "cañón" aumento Juan, apurando un buen trago de cerveza.
        Somos totalmente dependientes de la electricidad.- Intervine. Nuestra dependencia hacia la energía eléctrica nos ha sumido en un problema tan grande, que nuestra vida pende de un hilo.- No es para tanto, dijo Manuel incrédulo. ¡Cómo no! Respondió mi compadre, dándome la razón y de paso, honrando los Mexicanisimos votos del compadrazgo.
        La electricidad se ha convertido sin temor a equivocarme en la sangre que corre por nuestras venas, en el momento que ésta deja de fluir, todo se desquicia, incluso si el apagón durara mas de 10 días correríamos el riesgo de no contarla.
        ¿Así de grueso? Preguntó Manuel.- Así de grueso contestó mi compadre Juan, abriendo desmesuradamente los ojos mientras hacía hincapié moviendo afirmativamente la cabeza.

-Imaginemos un cuadro como el siguiente.- repliqué.

        Si por algún motivo en especial o por muchos a un tiempo, nos quedásemos sin electricidad, como estamos de momento. Y que este asunto durase más de un solo día. ¿Se imaginan la pesadilla en que se volverían nuestras vidas? Estamos tan acostumbrados a tener la energía eléctrica al alcance de nuestras manos que prácticamente todo lo que hacemos se pararía irremediablemente.

-Manuel Interesado en el tema dejó de roer el hueso y al igual que Juan se incorporó un poco en su asiento.

... Empezaríamos con los problemas más cercanos. Tales como que nos quedamos sin horno de microondas, televisión, música, luz para la noche, sin nada.

        Obviamente los problemas secundarios empezarían al segundo día; no hay agua, porque no funciona la bomba para subirla desde el aljibe hasta el tinaco.
       Iríamos a trabajar por la mañana para encontrarnos con que el 90% de nuestro trabajo no lo podríamos hacer porque la mayoría de la maquinara empresarial sin importar el ramo, usa energía eléctrica, ni una mugre carta podríamos pedirle a la secretaria pues la computadora estaría muerta.
        ¿Cuanto pueden durar las empresas en esa situación de parálisis? A la semana de encontrarnos en este escenario, ya no tendríamos agua ni para beber. También las máquinas de las purificadoras del líquido vital habrían dejado de funcionar. Por otro lado, muy probablemente; ya no habría gasolina para transportar nada, pues los dispositivos despachadores de las estaciones de gasolina también son eléctricos y el mismo fenómeno se extendería hasta los mismísimos pozos petroleros, bombas de los oleoductos, refinerías, etcétera, etcétera, eeetceeeeteera.

-¡Nooooo Maaaanches! Respondió Juan, imitando el tono alargado de mi última palabra. Mientras Manuel, aprovechando la pausa, se alargaría hasta casi caerse de la silla para proveerse de un delicioso elote que había empezado a crepitar en el asador.

-Imaginemos que este contexto durase más de un mes.- dije; mientras buscaba a tientas el envase de mi cerveza.
       A esas alturas del problema ya no hablaríamos de la incomodidad, sino que ya habría alcanzado el punto en que diríamos ¡ya no tengo dinero para comprar comida! No hay cajeros, tampoco movimientos bancarios ¡"no money"! Además que muy probablemente la mayoría de los supermercados estarían empezando a sufrir una fuerte crisis de desabasto.
        Remontemos el problema a tres meses seguidos. Mugrosos, "jediondos" y con tremendas crisis nerviosas, estaríamos empezando a cuestionar nuestra supervivencia y la de nuestras familias.

-Adfmas mjmjf fcafca.- señaló Manuel; disparándonos granitos de elote al hablar con la boca llena. -¿Que dijiste burro?- Interpeló Juan, quitándose sin disimular el desagrado, los increíblemente precisos proyectiles antes lanzados por Manuel. -¿Que que haríamos con la caca? Repitió Manuel esforzándose. -¿Cuál caca? Vociferó Juan; ya de pie sacudiéndose con ambas manos la nueva andanada de proyectiles que habían hecho blanco una vez más en su playera favorita.

        Mientras la presente escena dantesca aparecía ante mis ojos, mis oídos alcanzaron a escuchar a la mujer de Manuel, que nos había rondado hacía algunos segundos en busca de cerillos, quejarse con las demás señoras en el interior de la casa:

-¡Estos como siempre ya están hablando de cochinadas!

...Como ni Juan ni yo salíamos de nuestra "cara de interrogación", Manuel se explicó. - La caca acumulada durante más de tres meses en una casa muy probablemente ya llenaría un tambo de aceite.
-Y de los grandes; Agregó.

-En eso tienes razón.- Contesté. Las enfermedades derivadas de la falta de aseo e higiene ya empezarían a hacer mella en la población. Los hospitales trabajarían en condiciones infrahumanas si es que estos estuviesen abiertos para ese momento.
 
        Sobra decirles que ante una situación como esta, la única pregunta seria ¿cómo sobreviviré en un ambiente así de hostil? Suponiendo que tomásemos la decisión de sembrar nuestros alimentos y que tuviésemos un punto de abastecimiento de agua como un pocito o algo por el estilo, ¿cuántos de nosotros estamos preparados para producir nuestros propios alimentos?

-¡Uuuy! Exclamo Manuel.- A mi no se me daban ni los frijolitos que poníamos en frasquitos con algodón en la primaria.

-Esa es una gran verdad.- Repuso Juan. La mayoría de todos los humanos no tenemos ni la más remota idea de cómo hacer crecer algo de la tierra.

-Pero pongámonos optimistas.- Interrumpí. Hagamos un supón... Que tal que tenemos agua y que nuestra huertita prospera aunque sea en macetas. La bronca aquí no va a ser comer y mantener con lo mínimo indispensable para la supervivencia a tu familia. Sino que el problema real es: que por cada familia que pueda generar alimentos, habrá miles que no tengan ni la suerte ni la capacidad de hacerlo y obviamente, no se van a morir de hambre así como así.

-¡Pos no! - contestaron mis amigos al unísono.

-¿Quien de ustedes es el valiente que se avienta a matar cristianos en justa defensa de su huertita?

-Para terminar.- Recapitulé. En cosa de poquísimo tiempo, estaríamos regresando a la época de las cavernas y muy probablemente la mayoría de la población, terminaría muerta en menos de un año.
 
        Inspirado Manuel, respondió blandiendo la mazorca.- ¡Y pensar que por un móndrigo apagón nos puede llevar a todos la chinfamfa! Salvándonos mi compadre y yo de ser heridos en nuestros oídos al cortar Manuel la ultima palabra por darle una certera y final dentellada a la ya desnuda mazorca.
        Sin aviso ninguno; las luces se encendieron, no sin antes hacer que entrecerráramos los ojos profiriendo la palabrota que segundos antes le había sido negada a Manuel.

-¡Hágase la luz!- Gritó Juan. Al tiempo que John Lenon retomaba con nuevos bríos el ambiente de aquella noche dominical.
(Julio del 2007)

BENDITAS TELENOVELAS



-La televisión en México es la base de la cultura nacional, los mexicanos prácticamente nacemos mamando de la televisión, nuestra vida existe y tiene valor conforme a los dictados y cánones televisivos, siendo que para esto no hay un mejor punto de comparación que las telenovelas.
        Benditas telenovelas, ¿cómo podríamos siquiera pensar en vivir sin ellas? No importa de qué canal sean o si son repetidas o nuevas, el caso es que nutren amorosamente a la sociedad mexicana de una cultura de lo superficial.   Ya desde nuestra más tierna infancia nos vemos entrelazados con ellas, aún en el vientre materno. ¿Qué madre no ha atesorado el nombre del galán o galana telenovelera de moda para laurear con él a su retoño? Andanadas de recién estrenados mexicanos y mexicanas recibirán cristianísimos nombres extraídos del mal gusto de los guionistas responsables de escribir las lacrimosas vespertinas.
        Un gran beneficiado es el lenguaje en sus más cultas expresiones quien también tiene mucho que agradecer a las telenovelas. Los significados y significantes son barajados y confundidos dentro del argot farandulero, pues no importa lo que se dice, lo que realmente importa es quién lo dice y si lo hace en medio de un dramón de quinto patio, entonces más duradera se hará la frase dentro de la cultura popular. ¿Qué madre bien intencionada se atreve a reprender a sus tiernos vástagos sin antes tener a la mano un buen repertorio de frases, miradas y moqueos cuidadosamente ensayados para que salgan igual a los de la sufrida heroína del culebrón de las seis de la tarde?
        Tal como lo anuncia la moda televisiva, leer es una mala iniciativa, por suerte en desuso. ¿Para qué cargar con el peso de un aburrido libro de filosofía? cuando las telenovelas nos dan una teoría de la vida que es práctica y sin vericuetos mentales.- Señora, señor, venga y siéntese frente a la televisión, allí todas sus dudas serán resueltas. Y si la telenovela de su predilección no cubre todas las facetas de la vida, siempre están los anuncios y spots comerciales que le darán una pauta y dirección a su existir.
        Pero las telenovelas no solo son para los adultos, también hay para los reyes de la casa y no hay mejor manera de inculcarles buenas costumbres a nuestros hijos que ponerlos a ver telenovelas infantiles, las cuales últimamente han resultado tan malas que hasta la misma empresa “Televisa” canceló su sección de producción infantil. Pero que eso no nos desanime, los niños absorben como esponjas todos los buenos consejos y virtudes valórales que tienen las telenovelas, aunque junto con éstos también se adhieren los anuncios de juguetes, golosinas, y alguno que otro comercial con serias implicaciones sexuales.
        La cultura también se hace presente dentro de las telenovelas, pues en ellas los villanos siempre son refinados, distinguidos, bien vestidos y guapotes o guapotas según sea el caso. Hablan con mesura y palabras domingueras, mientras que los buenos, los héroes y heroínas del pueblo empiezan siendo pobres pero honrados, brutos pero carismáticos, incultos pero poseedores de caritas angelicales para ellas o con expresivos y profundos ojos para ellos, ¡que al final es lo que cuenta! Ya desde ahí sabemos cuáles son los valores que sirven en esta vida, ¡pues las de los buenos! Por su parte, los malos, los cultos, siempre pierden y se quedan como el perro de las dos tortas: sin la chica buenota y sin el dinero. Por eso es mejor ser inculto y tener muchos billetes, porque de esa manera podemos repetir el interminable pasar de cenicientas modernas que se aferran a sus incultos -pero bien forrados de lana- príncipes azules y estos últimos escogen a dos o tres princesas 90-60-90 que usualmente no tienen dos dedos de frente, pero eso sí, el taco que se puede dar el propietario al exhibirlas en untados vestidos de gala en reuniones sociales mismas en donde se discuten los pormenores físicos de los protagonistas y las vicisitudes de las heroínas y malvadas telenoveleras.
          Es indiscutible la importancia social que tienen las comedias (como las llamaron las viejitas de antaño) ¿Cómo no serán de importantes las telenovelas dentro de la cultura nacional; que existen programas televisivos específicos para discutir, argüir y desembrollar las aventuras amorosas de los principales artistoides, -jovencitas y muchachitos- que lloran abundantemente y a la menor provocación durante los embates de los villanos? Quienes normalmente son personificados por primeros actores que dada su avanzada edad sólo pueden acceder a representar el mal en su más pura concepción.
        La moral también está en deuda con las telenovelas mexicanas, ¿de dónde íbamos a sacar los mexicanos unos principios morales tan fuertes como los que ostentamos? si no es de las telenovelas que nos dan la pauta:

-Comadre, ¿vio lo que le pasó a la fulanita de la telenovela equis?
-¿A la Lorena Patricia?
-No, comadre, esa es la que sale en la telenovela de las siete. Yo le digo de la Tifania Loredo, la que está como bizca y bien pechugona, que la hace de buena en la novela de las seis.
-¡Aaaah! sí, qué feo ¿veerdaaa?
-Sí, por eso yo ya le dije a la Gisela -mi sobrina- que no se ande metiendo con hombres casados, que eso no deja nada güeno. 
        ¿Y qué decir de los horarios en México? Casi todos dependen necesariamente de dos cuestiones importantísimas: las telenovelas y el fútbol, es más, me atrevería a asegurar que la vida del mexicano transcurre en el antes y el después del fútbol para los hombres o el antes y el después de las telenovelas para las féminas; pero jamás entre estos dos elementos que median la vida nacional. Ninguna cita, negocio, entrevista o cualquier otra cosa de menor valor o importancia, puede siquiera bosquejarse a medio tiro de esquina o gimoteo de una imponente morenaza de la pantalla chica.
        A todas luces, las telenovelas –y sus creadores- son los grandes forjadores de la cultura en México, pues si son las mamás –las primeras educadoras- quienes prácticamente lactan a sus hijos con las controvertidas aventuras amorosas de una cenicienta del siglo XXI, ¿como nos asombramos después de que los niños anden tan precoces en los temas de sexualidad y tan brutos en lo que se refiere a la cultura y educación básica? Por eso soy de la opinión de hacer un reconocimiento nacional a las personas de las televisoras involucradas en este proceso educativo mexicano, que nos dan la oportunidad de ver lo que no somos pero que definitivamente quisiéramos ser; y por otro lado, levantar una denuncia penal –si es que esto pudiese ser- en contra de todo padre o madre, que no tenga el valor civil, moral y humano de accionar el control remoto para apagar el televisor y acercar un libro a sus chilpayatitos tan necesitados de amor, atención y cultura.

Cuento: MITOS Y MITOTES DE UN ASESOR EXTERNO EMPRESARIAL



-Las empresas en San Luís Potosí tienen un manejo y un aspecto laboral muy parecido entre sí. No sé si este fenómeno se dé en otras partes de la republica o del mundo, sin embargo, aquí en la capital del estado, la forma de trabajo interna es tan típica y endémica como las enchiladas potosinas o los chocolates Costanzo.
     Definitivamente hay que entender esto último para poder captar el trabajo de un “Asesor Externo Empresarial” (que es con lo que su humilde servidor se gana la vida) y comprender todas las peripecias y vicisitudes que tengo en lo personal que enfrentar, en mi diario andar dentro de la jungla que es la zona industrial.
     Para empezar a entrar en materia, es mi deber explicar algunas cosas antes de dar una dentellada más profunda en el presente tema. Hay varias ramas y organigramas en el interior de estos mini-zoológicos potosinos, por lo que haré algunas analogías de manera que el lector no se sienta allanado con palabras técnicas ni retórica dominguera.
     Dentro de las “Zoo-Empresas de la “Jungla-Industrial” en el corredor de la carretera 57, podemos visualizar por la ventanilla al pasar cómodamente en el auto, apenas unos cuantos de estos ejemplos, de los cuales omitiremos los nombres por no afectar con verdades las apariencias que suelen costar muchos miles de pesos.
     Empezaré mi historia, tal como lo hacían los antiguos “Lords ingleses” cuando se referían a sus viajes de cacería por el continente negro o hindú.
     Este escalofriante relato da inicio con el timbrar del teléfono. El primer campanazo me sobresaltó, pues estaba ensimismado, luchando contra Santo Tomás de Aquino y su filosofía repleta de frases ensortijadas.
     Dejé que timbrara dos veces más y contesté.- ¿Bueno?; mientras una voz femenina me interpelaba al otro lado de la línea.- ¿El Ingeniero Gamboa? -Sí.         -contesté secamente. Un momento por favor, el licenciado “X” quiere hablar con usted. –dijo ceremoniosa. No hizo falta que dijera nada, sabía que una aventura más me esperaba, cosa que deduje en los interminables minutos en que me dejó colgado la “señorita del teléfono” ¿Señorita? (dije para mis adentros) -Habría que ver -Me respondí intrigante, mientras me acompañaba la musiquita con el muy sobado y resobado vals “Nocturno” del tuberculoso consentido de las masas: Chopin, la cual se antojaba metálica en la distancia.
-¿Bueno? Se oyó al fin una voz cavernosa ¿Inge Raúl? Así es -respondí cantadito.
¿Cómo estás Jijo de... (aquí omito el rosario de palabrotas que debo suponer son la manera más honda y verdadera de un mexicano para expresar su alegría, así como hacer sentir a su interlocutor digno de toda su amistad y confianza.)
   -...Pues muy bien licenciado, aquí nomás, sobreviviendo, –contesté, agradeciendo el rosario antes mencionado.
     -Oyes Inge, fíjate que tenemos un problemita y unas preguntitas que hacerte. Inmediatamente me puse en alerta al escuchar las palabras clave en diminutivo. (En mis experiencias anteriores, las preguntitas tienen una duración de dos horas y con los problemitas, me cuesta salir con vida.) -Dígame para que soy bueno Licenciado, -contesté meloso. -¡Para nada güeeey! Gritó emocionado el licenciado “X”, triunfante por haber hecho el chascarrillo del día. Permanecí estoico y lancé tres “ja, jas” mientras le hacía señas obscenas al teléfono.
     Fuera de Guasa... ¿Cuando te dejas caer por aquí? –dijo el licenciado, con la voz entrecortada por las últimas carcajadas. -Mañana sin falta estaré allí Licenciado, en el transcurso de la tarde. -Muy bien Inge, por aquí nos vemos y no te me pierdas mi chavo. -Dijo como si hubiera pasado las de Caín para encontrarme. -Hasta luego Licenciado –dije con el mejor tono de amabilidad que pude y acto seguido colgué la bocina del teléfono.
     Así de fácil daba comienzo una aventura más en la desolada selva de la carretera 57. Así de fácil es estar de acuerdo en enfrentarme a lo desconocido. Así de fácil es trabajar ahorita y cobrar hasta dentro de dos meses.
     Ya entrada la noche me dispuse a preparar el arsenal, nunca sé cuáles son los problemitas que me desquiciarán la vida, así que en mi portafolio tengo que cargar más cosas que un mago en su sombrero para realizar los prodigios que normalmente mi trabajo exige;

“Los imposibles los hacemos en una hora. Los milagros nos tardamos un poquito mas”.

     Lista de armas: desarmador de cruz, desarmador eléctrico (para apantallar), pinzas de punta, pinzas de punta acodada, repuestos de cable bus y lo más importante... el arsenal pesado: Un maletín lleno de software, drivers, sistemas operativos y programas pirata que puedan sacarme de cualquier apuro en mis múltiples encontronazos con las tribus protectoras de los “tesoros informáticos”.
     ¿No les he platicado, queridos lectores, de las feroces tribus que protegen a los tesoros Informáticos? Pues lo voy a hacer para que puedan vislumbrar lo muchas veces peligroso de mi trabajo.
     En cada zoo-empresa de la selva-industrial hay una tribu también conocida de forma general como “departamento de informática”, aunque ellos mismo se nombran con epítetos terribles como: Los “Comebytes” o los “Tragadiskettes” y cómo olvidar a los fieros “Rompe-lans”. Todas estas tribus están constituidas para proteger todo lo que las empresas atesoran: información, estados de cuenta, clientes, etcétera.
     Las tribus normalmente están compuestas por extensos equipos de informática con flamantes y siempre bien dispuestos ingenieros, quienes se encargan de crear, valorar o incluso corregir todos los programas necesarios para que de forma no siempre muy clara funcione la empresa y la circulación de los ríos de información sea óptima además de que se encuentre segura.
     Al siguiente día, llegada la hora de partir hacia mi destino, me apresto a salir, no sin antes recibir la bendición de mí querida esposa en forma de un beso y dándome los consejos de siempre: “Cuídate mucho, maneja con cuidado porque acuérdate que en esa carretera cada rato suceden accidentes” –pienso para mis adentros. Si supiera que lo más peligroso no se encuentra en la carretera sino lejos de la carpeta asfáltica. Mientras ella continúa; “...te encargo que de regreso pases por la leche y de una vez vas pensando en que quieres de cenar”.
     Minutos más tarde y después de librar a un taxista malencarado junto con dos recordatorios de progenitora más en mi haber, llego a mi destino. Respiro profundo aún en la seguridad de mi coche mientras me doy valor para iniciar la aventura.
     Aún no he acabado de bajarme completamente del auto cuando ya me espera la primera batalla, encarnada por un oficial uniformado en un feo verde olivo, quien rápido y presuroso me suelta en la cara la bienvenida.- Oiga, oiga allí no se puede estacionar, ese es el lugar sólo para los patrones. Estaciónese en el estacionamiento de visitas señalándome de forma vaga un solar polvoriento a unos 300 metros del lugar. Acto seguido lo veo desafiante a los ojos, escudriño con mi mirada más amenazadora su investidura y con una voz profunda... le digo.- ¿Porque no hay ningún letrero que indique que aquí no me puedo estacionar? A lo que el aborigen en cuestión me contesta.- Pues para eso estoy yo, jefecito. Ante tal verdad, enmudezco y decido irme hasta el otro lado de la empresa a modo de poderme estacionar. Una vez logrado esto último doy inicio al ritual de la buena suerte: poner el bastón de seguridad, checar que los vidrios se encuentren cerrados y por último cargar todas mis armas incluyendo el teléfono celular por si tengo que pedir ayuda.
     De esta manera inicio el largo camino de entrada a lo desconocido, no sin antes refunfuñar por mis zapatos que hace algunos segundos brillaban cual espejos y ahora son una masa opaca de barro polvoriento.
     Una vez pasada con bien la primera prueba, me anuncio ante la fémina de la recepción, que de forma automática me interpela: -Buenas tardes, ¿cuál es su asunto o a quién viene a buscar? Le clavo la mirada y con una voz lenta, pausada y varonil, para no tener que decir las cosas dos veces, le expongo mis generales y le digo la palabra mágica: “Quiero ver al Licenciado X”. Sin expresión facial alguna la recepcionista voltea a verme y en medio de una rumiada de chicle me pregunta -¿A quién? -Al Licenciado “X” –repito haciendo acto de paciencia.  -Un momentito – me contesta tomando el interfón sin dejarse de ver las mal pintadas uñas.-Regístrese por favor.
     Pasados los dos primeros cancerberos, por fin me encuentro con el licenciado “X” que después de otro chascarrillo vespertino me presenta al tipo más temido de los alrededores, al mismísimo médico brujo en persona, al portador de todos los secretos de las cajas blancas mágicas... al jefe del departamento de Informática o como mejor se le conoce “El jefe de la Tribu Rompefloppys”.
     Después de un estrechón de manos, medimos por vez primera nuestras fuerzas. Él, un médico brujo todo poderoso quien está siendo humillado en su propio territorio por el jefe máximo de la empresa al traer a otro médico brujo para que ensucie con su sola presencia el sagrado recinto del servidor (computadora maestra), casa sagrada de donde fluyen los ríos de información hacia las demás computadoras. Yo, un mago fuereño de tez blanca sin la cuadradés en la educación del Ingeniero en sistemas, y con la creatividad de un diseñador, me preparo a desenvainar mis armas a la menor provocación.
     Ya dentro del recinto sagrado, me doy cuenta del problema; el sistema de edición de video no lineal que había diseñado e instalado hace apenas tres meses yace abierto en sus entrañas, exponiendo en desorden pequeñas piezas, tornillos y cables a lo largo y ancho de toda una mesa. Peor cuadro dantesco no podría ser descrito.

     Lo primero que me viene a la mente es el recuerdo de hace casi cinco meses cuando el Licenciado “X” hacía una de sus habituales llamadas para preguntarme si había manera de hacer videos inductivos dentro de la misma empresa, ya que el costo de maquila de dichos trabajos hechos por alguna compañía externa se había encarecido enormemente. A lo que contesté en forma positiva y le platiqué  “grosso modo” cómo podía hacerse.
     A partir de ese momento me dio cinco días para ofertar un proyecto, mismo que tendría que competir con los que llegasen hasta ese momento. Lo interesante del asunto es que yo se que aquí en San Luís Potosí soy el único que se mete dentro de esas loqueras, pero hay que seguir el juego.
     Ya entregado el proyecto me dieron luz verde para avanzar con el mismo y dar inicio con el estira y afloja de los pedidos internacionales, las constantes peleas con las aduanas, sin dejar de mencionar las concebidas disputas por el tiempo de entrega de las mensajerías.
     Una vez con todo el material en mis manos me dispuse a ir a la empresa y hacer mi anunciada entrada triunfal. La caravana iniciaría con varios esclavos, quienes a manera de botín entrarían después de mí, llevando en sus lomos y cabezas el equipo informático. Con las puertas de par en par, la recepcionista me recibiría lanzando encarnados pétalos de rosas, mientras las trompetas de Aída resonarían portentosas anunciando mi colosal llegada.
     Nada de eso pasó, yo solito tuve que bajar todas y cada una de las cajas del carro y cargarlas desde el ya consabido “estacionamiento de visitas” porque como siempre, el “poli” no me dejó estacionarme enfrente y tampoco me ayudo, haciendo una de las desapariciones mas rápidas que he visto en mi vida.
     Viendo las tripas de la computadora sobre la mesa, todavía me acuerdo de las horas que pasé dejando a punto el sistema y de toda la gente que tenía mirando sobre mis hombros, situación por demás incómoda, pues como siempre, todos los Ingenieros querían ver que magia hacía con las máquinas, misma que a ellos les había sido negada por la naturaleza o por la escuela (quisiera pensar así).
   Una vez más, me veo en la necesidad de reconstruir una obra maestra de la informática.
Una vez más, me veo en la necesidad de reconstruir lo irreconstruible.
Una vez más, tengo a la tribu de “inges” mirando por encima de mis hombros.

     Pero ahora vengo preparado, de mi portafolio saco un disco Cd-Rom con el titulo grande y en letras bien legibles: “Portafolio Chicas Desnudas 2003”, prácticamente lo aviento a los salvajes que, como perros detrás de un buen pedazo de carne se van en bola a ver el contenido del dichoso Cd-Rom. Calculo que se tardarán unas dos horas en verlo y copiarlo unas seis veces, tiempo suficiente para hacer mi trabajo a gusto, sin presiones y sin miradas indiscretas que sólo desean que algo me salga mal para demostrar con júbilo que mi estancia en la empresa había sido un fracaso.
    Una vez terminada la presente aventura y después de haber resucitado a mi obra maestra, me despido amablemente de la tropa, no sin antes pasar por la oficina del Lic. “X” y recomendarle que la editora digital de videos es eso: Una editora y no una computadora con la cual hacer una horrible presentación de “Pogüer poin”.
     Con velocidad estable y las 9 de la noche cerrándose sobre mi humanidad, me alejo del peligrosísimo corredor 57 de la “jungla-industrial”, con rumbo norte, reflexionando acerca de lo vivido este día y de las subsecuentes visitas que muy probablemente me depare el destino, en la lucha por cobrar la aventura, hoy ejercida.
(Noviembre de 2003)

SER MEXICANO



- Este mes de septiembre, como siempre se iniciarán los festejos patrios, mediante los cuales los mexicanos recordaremos las acciones que nos dieron patria, libertad e identidad. Sin embargo, al margen de los festivales escolares y la profusa venta de banderitas tricolores de probable procedencia asiática, lanzo una pregunta que ha rondado desde hace ya algunos años: ¿Realmente entendemos lo que es “La Patria”? Todo mexicano sabe que lo es, porque nació en México. ¿Y qué con eso?
        Lo importante de esta disertación que se pudiese antojar estéril es que la mayoría de los jóvenes que egresan de las escuelas del nivel que sea simplemente no tienen una soberana idea de lo que es ser mexicano, es más, ni siquiera les importa si lo saben o no.
        Ser mexicano, no es irle y entregarse en cuerpo y alma a la Selección Nacional de Fútbol en medio de un partido televisado, mientras ríos de cerveza corren ante los animados (o más bien desanimados espectadores dado que el “Tri” por lo regular pierde) inundado de anuncios en anglosajonas frases publicitarias, lanzadas en vulgar tropel hacia los inermes y embrutecidos televidentes.
Ser mexicano o mexicana tampoco implica el coronarse la testa con un enorme sombrero de paja ni lucir un sendo y apolillado rebozo de bolita que rescatado de su encierro de un año sale una vez más a la luz para ser usado de “rara estola” o “babero de antro”, según se dé el caso. Mientras hombres y mujeres; modernos carabineros y adelitas; “weekend warriors postmodernistas” de todos los rincones de la tierra chichimeca celebran la sangre derramada por los próceres patrios a grito imperpe de:
“VIVA MÉXICO CABRONES”.
        Estaremos de acuerdo, en el hecho de que, dado el bajo nivel de educación nacional, los valores identificados con la resonante patria y orgullo racial prácticamente se dan por olvidados o intercambiados por chillonas estampitas de bustos representativas del cura Hidalgo, el valiente Morelos, así como el genio militar de Allende, revueltas con algún personaje de los pokemon, teniendo más valor estas últimas, ya que, como lo indican sus empaques: son “coleccionables”.
        Claro que la pérdida de identidad no es exclusivamente culpa de los jóvenes, cuando los pocos que hacen por estar medianamente enterados de su entorno son bombardeados por campañas de políticos corruptos, los cuales a lo largo de su miserable existencia sólo han sabido enarbolar la bandera de la codicia mostrando y poniendo el ejemplo de que el poder sustentado en el dinero es por lo único que vale la pena luchar a lo largo y ancho de esta vida matraca.
        ¿Cómo puede hacer un padre de familia bienintencionado para inculcarles a sus morenos engendritos el amor a sus raíces? cuando los artesanales dulces tradicionales, llenos de diferentes aromas, varipintas texturas ¡y qué decir de sus naturales ingredientes!, no pueden competir contra un seboso Milky Way, M&Ms o de perdis unos Kisses.


-Chacho malcriado ya deje de chillar.


-Sinforosa cómprale un dulce al escuincle pa´ que se calle.


-¿Pos; qué le compro Espiridión?


-Pos no sé, tu cámbiate unos jitomates de los que traemos pa´ vender a ver si te dan una Coca y un Gansito o… un Tuinqui. Nada más pídelo bien porque a ti no se te da lo del inglich y no vayan a pensar que somos unos nacos.


Ni modo, de que los hay, los hay.


        ¿Y que decir de la gente de la “Jais”? gente bien, léida y escribida, que sólo se afilia a los lugares más “in” en donde tengan zonas “lounge”; claro hay que checar que sea VIP (Very Important Person) porque si no ¡Hellooou! Uno automáticamente se convierte en un paria, alguien de maneras no apropiadas o en pocas palabras, no es “cool”.
        “Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos” sentenció el poeta López Velarde, quien previó la cruenta caída de nuestra cultura nacional llegando desde el “Verde que te quiero verde” en un sueño de “suave patria” a una simple y descolorida “lasser green card”.
        En fin, el caso es que mientras más le rasquemos más podemos hallar la falta de identidad en prácticamente todas las clases sociales, siendo esta carencia más que evidente, y sólo genera a desazón mayor pérdida de identidad nacional.
        Por lo tanto y en resumidas cuentas, haber nacido en México no es suficiente para considerarse un mexicano completo. Hace falta apoyarse en las fuertes raíces de nuestro pasado y conocerlas, amar lo que somos, lo que fuimos y lo que podamos llegar a ser, disfrutar lo melodioso de nuestro idioma e hincharnos de orgullo al escuchar un poema de Nezahuacóyotl en autóctonos sonidos nahuatlacas.
        Eso sí es ser mexicano y sentirse mexicano. El mexicano respira, camina, vive y muere como lo que és, acunado desde la primera luz de la vida en un rebozo,  rodeado de cactus y alboradas que se escurren de entre los cerros de nuestra irregular orografía, amamantado por los colores de sus ropas y el preciosismo de su artesanía; nutrido por su lenguaje florido, chispeante y pringado de palabras endémicas, pero suyo, muy suyo.
        Ahora sí entiendo lo que es ser mexicano y me enorgullece ser uno más de los nacidos en esta tierra huachichil.


Ahora sí… ¡VIVA MÉXICO CA…!

FALLIDA POLÍTICA CULTURAL



-San Luis Potosí, ha sido tradicionalmente desde los años sesentas del siglo pasado, un estado  fértil para las instancias y movimientos de las bellas artes. Por lo que ahora podemos ver una comunidad de artistas (sin referirme a los faranduleros sindicalizados del duopolio de las televisoras mexicanas llamados erróneamente igual) bien establecida, con una buena dinámica de producción y con una alta calidad estética. Esto último marca una determinante en el estado y quizá la única forma en que San Luis Potosí es conocido en el extranjero.
Sin embargo, aún con todo lo anterior, cada sexenio hay que convencer a los nuevos gobernantes, que se tiene que invertir en la cultura, que es algo prioritario para el estado, que no se pueden usar los espacios destinados a los eventos artísticos para otro tipo de actividades “más metálicamente remuneradoras” y mil cosas más.
¿Porque se da este fenómeno? Mi pequeño aporte a dilucidar esta incógnita es la siguiente hipótesis:
“La primera noción de que existe la cultura y las bellas artes para un funcionario público de primer nivel, la obtiene al tomar el cargo.”
Me explico un poco mejor; Cuando cualquier “personalidad política” se ve beneficiada con las mieles del poder, se encuentran al tomar posesión de sus cargos, que existe un departamento, dirección o secretaría dedicada a la cultura. La pregunta obvia que se hacen es: ¿Chale po´s que es eso? o peor aún: ¿Pa´que sirve eso? y esto pasa porque quién llega a tal nivel de poder, no ha tenido tiempo en detenerse un momento a admirar una pintura, un grabado, y mucho menos reventarse un libro de poesía o una función de danza contemporánea, -¡ni Dios lo mande! eso es para jotitos y personas non santas o de dudosa reputación. Y por lo tanto no debe de extrañarnos, cómo es que aún y con las habilidades políticas que tienen, cometen burradas y barbaridades al atentar contra el grueso de la población artística y generadora de cultura, que obviamente no advierten que existen, hasta que hacen su primer desfiguro y son retribuidos con un entrenamiento al estilo canino, pues solo van entendiendo a periodicazos (chistorete bastante viejito pero para el presente caso queda como guante) con el consiguiente costo político que una turba de artistas afectados generan al manifestarse de novedosas maneras atrayendo de forma inevitable los micrófonos y cámaras de los medios al lamentable hecho.
Para muestra basta un botón y pongo por caso el de nuestro presidente municipal quién a pocos días de su entrada al H. Ayuntamiento de nuestra capital potosina, tuvo a bien amenazar con quitar la galería Teresa Caballero, que por cierto es la más visitada de la capital dada su ubicación en el primer cuadro de la ciudad, dentro del palacio municipal, aparte de llevar el nombre de una de las más queridas pintoras potosinas (recientemente fallecida.) La comunidad artística capitalina se movilizo ante la afrenta, injuriando ante los medios al Edil en cuestión, finalizando el asunto en un: ¿Por qué los gritos y sombrerazos si aquí no pasó nada? Y la galería se salvo, ¿Pero usted estimado lector, pensó que con esto iba a aprender nuestro gobernante? Si respondió afirmativamente pues déjeme lo contradigo y le cuento otra historia de terror con el mismo personaje principal.
Hace unos pocos días la comunidad artística potosina se vio apabullada ante la noticia de que nuestro Presidente Municipal, corría a Daniel De La Llera, encargado -en ese momento- del departamento de Cultura y Deportes del Ayuntamiento capitalino, en una mesa de prensa convocada por el mismo Edil, en donde sin contestar preguntas ni atender sorpresas, informo del hecho a los medios de comunicación.  Asunto que claramente se le vió como otro hecho con costo político para el futuro del mencionado, pues al margen de los motivos, chismes,  dimes y diretes que se manejaron, despidió a un funcionario que sin que yo caiga en zalamerías y cebollazos, estaba haciendo su trabajo y lo estaba haciendo bien, cosa que por lo mismo y lo escaso que estamos de funcionarios que se destaquen por hacer bien su chamba, pues brillaba ante la oscuridad que había por detrás. Cuestión que vino a opacar un poco más el curriculum político y que muy probablemente le pesará al querer alcanzar otras metas políticas.
Sin ánimo de ensañarme con Lozano Armengol, lo medular de esta aportación es denunciar lo poco preparados (en todos los sentidos) que llegan al poder nuestros gobernantes y que es obvio que por una casi total ceguera generada por su falta de cultura y por ende poca sensibilidad, que cometen fatalidades dentro de la estupidocracia en la que nos toco vivir.
(23-11 de 2007)

LA MALA EDUCACIÓN



-En días pasados se dieron los resultados de las pruebas “ENLACE” que hizo el gobierno federal en las áreas de español y matemáticas. En resumen las nuevas generaciones: 11.5 millones de alumnos, se encuentran (culturalmente hablando) del asco. 
Ahora, la verdad, ¿Cuáles eran las expectativas del gobierno federal al hacer dicha prueba? ¿O acaso pensarían que la mayoría de los investigadores educativos mexicanos y extranjeros decían mentiras o que eran parciales en sus innumerables artículos expuestos en los libros y revistas especializadas en el ramo? Pues estos últimos venían haciendo hincapié en los pobres resultados de nuestros niños desde hace ya tiempo atrás.
A decir verdad -y a manera personal- creo que es un gasto inútil de 200 millones de pesos, el que se hizo con la mencionada prueba.
La realidad es que ya se sabía con niveles de precisión muy altos, cual era el estimado de avance de los escolapios en nivel de primaria y secundaria, de hecho, hay investigaciones emergentes muy interesantes, en donde dan por resultado una desigualdad de aprovechamiento en los diferentes grados de primaria debido (según los investigadores) a una distribución estratégica de los maestros según su calidad profesional, en donde los directores de las escuelas primarias públicas, insertarían a los peores maestros entre tercer y cuarto año de primaria. Con la fatua teoría de que los niños tendrán otros dos o tres años para componerse o “ponerse al corriente” (dicho esto en el argot magisterial).
Ahora bien, supongamos por un momento que la “Prueba Enlace” sirva para su cometido y que en base a los datos que arrojó la misma, se vaya a crear una estrategia nacional para el mejoramiento cuantitativo y cualitativo de la educación en México. ¿Qué es lo que podemos esperar?
En definitiva no veremos resultados en el corto o mediano plazo, pues se tendría que cambiar muchos de los puntos sobre los cuales está sustentado el sindicalismo magisterial mexicano, y si a esto le añadimos que nuestra reluciente secretaria de educación Josefina Vázquez Mota, puesta en el cargo a regañadientes (de ella -por supuesto- pues por “méritos” le tocaba la Secretaría de Gobernación) no es precisamente la sucesora del ilustre prócer Don Jaime Torres Bodet a quién le debemos en buena parte lo poco bueno que hay dentro del sistema educativo nacional. 
Prueba de esto, es lo que nos dice en su discurso que dió en la ceremonia de entrega de las primeras becas para educación media superior en el teatro del centro nacional de las Artes en México D.F. 16 de mayo del 2007 en el cual nos plantea en un fragmento el cual cito textualmente: 


“No hay mayores sacrificios que se haga en este país de los que se han hecho a favor de la agenda educativa y eso nos tiene que responsabilizar mucho más al gobierno y al Estado mexicano.”
Y vaya que el gobierno mexicano se ha responsabilizado en cuanto a la educación se refiere, pues ha sido responsable de la merma de presupuestos, en el presente año que fueron del 5% a la educación y del 2% en investigación, respectivamente, a las universidades públicas, siendo las privadas quienes en suma más han invertido en la educación del país superando en algunos estados como el de Querétaro en donde 60% del total bruto de la inversión a la educación es llevada por universidades del ámbito privado. Caso no muy lejano al de San Luis Potosí, en donde de 21 universidades y tecnológicos registrados solamente en la capital 17 son privadas y atienden al grueso de la población estudiantil, sin los onerosos presupuestos de las universidades públicas pero con una eficiencia terminal y una calidad educativa, en muchos de los casos muy superior.
Y en cuanto a los sacrificios, pues bien… esos se quedan para nosotros.

20 de septiembre de 2007


Un vistazo a la posible cibernetización escolar mexicana.



La educación en México tiene grandes problemas; sin embargo, en lo que se refiere a su modernización, tecnificación y cibernetización, la cosa todavía está más empañada. La mayoría de los pedagogos mexicanos tienen claro que el uso de las tecnologías de la información y de las comunicaciones (TICs) deberán ser implantadas dentro de los planteles escolares de cualquier nivel; no obstante, la torpeza con la que se ha manejado este rubro en específico ha dado al traste con muchas de las “buenas ideas” surgidas a la sazón de tratar de modernizar o de simplemente llevar la educación mexicana un poco más cerca de los acuerdos tomados a nivel internacional.
Para mayor complicación del tema, resulta que una buena parte de los encargados de la toma de decisiones dentro del ámbito educativo no sólo no están familiarizados con las TICs, sino que además las desconocen y les temen; más aún, la elaboración de programas educativos que para estas fechas ya deberían contemplar de alguna manera el uso de computadoras como apoyos pedagógicos necesarios, siguen sin ver la luz.
La mayoría de los gobiernos estatales y el federal creen a pie juntillas que la compra de una computadora es una alta erogación. Esto se ve reflejado en las secretarías de educación de cada estado en donde se hacen esfuerzos (solo contando con minúsculos presupuestos), por equipar de forma correcta y “como Dios manda” a las escuelas, con sendos y flamantes “Laboratorios de Cómputo”, en la feliz esperanza de que esto por si solo cause un repunte en el índice educativo de su localidad. Un claro ejemplo de esto es que el único sistema operativo usado por la SEP es Windows, de la empresa Microsoft. 
Este sistema operativo tiene por lo general un costo elevado, el cual, por su forma de venderse -basado en el licenciamiento-, no se compra sino que se “renta” de forma anual, por lo que cada trescientos sesenta y cinco días hay que renovar la licencia que permite el uso legal de dicho software, que no es para nada barato, sino por el contrario se encarece cada año que pasa. 
Es por esto último, que al gobierno mexicano le sale muy caro mantener equipos de cómputo en las diferentes escuelas de todo el país; peor aún, el hecho de tenerlas y no usarlas le ha valido la etiquetación de no cumplir con los prospectos deseados, aunque dada la moda actual, en donde ningún político mexicano, se atrevería a contradecir el paradigma de que los estudiantes necesitan por fuerza, una computadora para tener un futuro medianamente promisorio, obliga a que se ponga atención en lo anterior en donde se hacen pocos o ningún esfuerzo por darle solución. Asunto que podría resolverse instaurando una cibernetización institucional acorde a las necesidades de la SEP.
México cuenta actualmente con la verdadera posibilidad tecnológica de apoyar un programa de construcción y distribución de ordenadores portátiles de bajo costo creado por la universidad M.I.T. estadounidense, con el nombre clave de “Green Machine” (Máquina Verde). Dicho proyecto se basa en la construcción de una computadora portátil con un costo menor de cien dólares norteamericanos. Esta computadora es ya una realidad y en la actualidad ya se esta trabajando en diversos sistemas operativos con igual principio de gratuidad que harían funcionar la “Máquina Verde”.
Si aunamos esta gran oportunidad que tiene México de hacerse de esta tecnología pensada específicamente para los países pobres, ¿porque no pensar más allá y empezar a generar software con programas oficiales educativos de la SEP para el apoyo pedagógico de sus maestros y alumnos de todos los grados?, en total paralelismo con los libros de texto gratuitos, logrando la implantación de una cibernetización escolar que redundaría en el mejor aprovechamiento de las TICs dentro del quehacer educativo.
Como primer paso, la Secretaría de Educación Publica deberá hacerse un “vestido digital a la medida” y modificar algún tipo de distribución Linux para que funcione con todos los contenidos educativos que produce la misma secretaría y los distribuya con los libros de texto.
En resumen: la cibernetización escolar puede dar a México un empuje en uno de los frentes educativos, aunque debemos admitir que no es la panacea y mucho menos pensar que sacará de forma mágica a nuestro país del rezago educativo en el que ahora se encuentra; sin embargo, tengo la total seguridad de que el uso correcto y adecuado de las TICs podrán generar una semilla de cambio en las praxis educativas y en el mejoramiento de la enseñanza, así como de una potenciación del aprendizaje.
(Texto escrito en octubre de 2006)

La educación en el siglo XXI Una crónica de errores bienintencionados


 Desde finales del siglo XX y estos primeros escarceos cronológicos del nuevo siglo, los paradigmas educativos han tendido a complementarse y ser removidos por otros que, si bien no son nuevos, han sido retomados, remozados, abrillantados y vendidos como la salvación de los países en desarrollo. En suma, la publicitación y puesta en marcha de los cambios paradigmáticos dentro de la educación oficial mexicana es a todas luces un movimiento hecho desde un escritorio sin otro fin que el de sustentar el poder de las autoridades encargadas de darle dirección a la educación nacional. Sin embargo, el hecho de que dichos cambios estén sustentados en conceptos neorománticos, tales como el constructivismo y la adición de modas como el uso de las Tecnologías de Información y de las Comunicaciones (TICs) dentro de la educación formal, las han hecho no solo creíbles sino también apetecibles, y por eso la pronta implantación de estas reformas dogmáticas, carentes en su mayoría de sustentación real y de contextualización para nuestro pueblo.
        Desde tiempos inmemorables, la educación en México ha estado basada en condiciones de tipo conductista–positivista. Ahora en pleno siglo XXI, la educación sigue siendo del mismo corte, dadas las condiciones socioeconómicas de los profesores, las deficiencias educativas de los encargados de educar y, peor aún, la total falta de cultura –de cualquier índole- de los intocables líderes magisteriales, así como de muchos de los orgullosos poseedores de algún “hueso” dentro de la SEP.
        En este inmisericorde contexto se da la implantación de un humanismo del New Age dentro del ámbito educativo: de un plumazo los maestros se convierten en tomadores de decisiones, investigadores de sí mismos y de su profesión, se hacen obligatorias las “academias” en donde se discuten al más alto estilo filosófico y en una horizontalidad total los puntos importantes a realizar para el mejoramiento integral de la educación en cada una de las escuelas y se critica en el mejor sentido de la palabra las acciones así como el desempeño de los maestros, quienes aceptan humildemente sus errores y prometen dar el cien por ciento de sí mismos para el enriquecimiento pedagógico y mejoramiento escolar. Acto seguido se enarbola la bandera del constructivismo, todos y todas incluyendo los “algos” deberán caer rendidos ante esta novedosa propuesta paradigmática, quemando cualquier vestigio del positivismo y del enemigo favorito de la educación posmodernista: el conductivismo. 
¿Y nuestra nieve? ¿de qué la queremos?
        De repente, por una decisión tomada al vapor, debido a presiones externas para encausar el camino de la modernización, el gobierno mexicano implanta un programa de uso extensivo de las TICs,  y reparte a manos llenas equipos de cómputo y video que supuestamente generarán un mayor aprovechamiento escolar y potenciarán de una forma nunca antes vista los procesos de enseñanza aprendizaje.
        Las intenciones hasta ahora mencionadas son muy buenas, ¿pero en realidad servirán de algo?, ¿han sido tomadas en un estricto apego a las necesidades de la educación actual?, o ¿solamente serán una parada de cuello del moribundo sexenio foxista?
        En contra de esto puedo aducir que la mayoría de los maestros, académicos, catedráticos e investigadores de México hoy en funciones fuimos educados dentro del positivismo, mediante las mejores técnicas conductistas y sin ningún elemento de alta tecnología dentro de nuestras aulas (a excepción de las calculadoras). ¿Eso nos hace inferiores culturalmente hablando a las nuevas generaciones de estudiantes del siglo XXI? La respuesta debería ser que sí. Sin embargo, la mayoría de los encargados de traspasar conocimientos a los estudiantes de hoy nos damos cuenta de que el hecho de poder tener acceso a una cantidad de información mejor y mucho más amplia no conlleva que los alumnos hagan uso de este poder. Es más, la mayoría de los maestros de cualquier nivel se quejan de forma muy frecuente, de que los elementos tecnológicos destinados a mejorar el aspecto pedagógico de la educación no hacen sino estorbar, dado que, aunado a las posibilidades educativas anteriormente dichas, se convierten en fuentes inagotables de ocio a las que recurren los educandos, perdiendo el tiempo soberanamente sin hacer lo único que se supone deberían hacer: estudiar.
        Ahora bien, los alumnos no son los únicos con diversas problemáticas al momento de convivir dentro del aula con un elemento tecnológico de vanguardia. Los maestros tienen sus problemas también. Es muy común en nuestro país que los encargados de enseñar se nieguen rotundamente a aprender, y obviamente el enquistamiento de una buena parte de los profesores con plaza (cualquiera que sea el origen de ésta) generan que no sientan el compromiso de ponerse al día en nuevas metodologías y herramientas pedagógicas que harían más productivo su trabajo Por el contrario, apelan a la inercia, ignorancia y despreocupación de sus superiores quienes de igual manera no entienden lo que están ordenando hacer dentro de las escuelas a sus subordinados.
        Más aún, esta idea de que si los estudiantes tienen computadoras o acceso a ellas, estudiarán mejor, aprenderán mejor, tendrán mayores y mejores oportunidades de trabajo así como de éxito personal, es totalmente falsa. Pero nos están literalmente vendiendo la idea y la estamos pagando en efectivo cada vez que vamos al súper y al momento de pagar nuestros insumos nos pregunta amablemente la cajera “¿Quiere cooperar para el Redondeo?” Esto quiere decir que los escasos centavos o pesos que nos puedan sobrar como vuelto, simplemente tenemos la “obligación” de regalarlos -cito textualmente: “para que cada niño y niña de nuestro país puedan tener computadoras en sus escuelas”.
        He aquí la gran falsedad. Tal paradigma es del todo erróneo: la computadora no es una caja mágica que con el sólo hecho de poseerse brinde el poder de apropiarse de todo el conocimiento existente en este mundo matraca ni de obtener la capacidad de discernimiento, crítica y análisis que la información ubicada en Internet necesita para volverse conocimiento en la cabecita de nuestros morenazos infantes o educandos de cualquier edad.
        La mediatización de la educación y la inclusión de artilugios de alta tecnología dentro de las aulas nacionales ha traído cambios no esperados y vuelto más caótica aún la ecología de los salones de clases, que lejos de mejorar, se han convertido en pequeños principados donde se enseña cuando se puede y quiere, o lo que es peor, a quien le importe. Porque aunado al concepto de caos antes mencionado tenemos que el avallasamiento de las mentes jóvenes por los antivalores y un estado perenne de insensibilidad a todo lo que apeste a cultura y educación están dando como resultado el hundimiento de nuestro país en una pobreza peor que la económica: la pobreza mental.
        La educación asistida por ordenador (EDASOR) es un salto cuántico respecto a los métodos tradicionales de enseñanza y en mi opinión no ha habido mejor forma y más rápida de producir el anhelado apropiamiento del conocimiento. Esto último hace deseable para las autoridades educativas el incluir los sistemas informáticos dentro de las escuelas. Sin embargo, el poco entendimiento de las “formas”, los “porqués” y los “cómos” para la correcta implantación de las TICs dentro del sistema educativo mexicano están dejando pasar la oportunidad de subirnos a la modernización. Por el contrario, cada vez es más tangible que las nuevas generaciones de mexicanos se encuentran perdidas en el más puro de los salvajismos; cromañones con teléfonos celulares que sólo entienden la tecnología como una fuente inagotable de ocio así como la oportunidad de salvarse de la desagradable actividad de pensar.
(Texto escrito en julio de 2006)